La caída del cabello puede inquietar cuando llega el otoño, pero no siempre responde al cambio de estación. Clara Lacasta, tricóloga colaboradora de Pilexil, explica que el estrés, las infecciones, los cambios hormonales, el posparto, las dietas restrictivas y la falta de hierro u otros nutrientes también pueden influir. En algunos casos, la pérdida de pelo puede ser la primera señal de un problema que requiere atención.
La experta advierte que la alopecia androgenética, por ejemplo, puede manifestarse como una pérdida progresiva de densidad. Por eso, no conviene atribuir automáticamente cualquier caída al otoño ni intentar frenarla sin conocer la causa.
Que el cabello se caiga no significa que haya que alarmarse de inmediato, aunque sí es importante observar cómo evoluciona. Lacasta recomienda consultar con un dermatólogo si la caída es muy intensa, dura más de dos o tres meses, disminuye la densidad, aparecen zonas sin pelo o hay picor, dolor o descamación importante en el cuero cabelludo. La valoración temprana puede ayudar a identificar el origen antes de que la pérdida sea evidente.
La caída estacional suele ser difusa y temporal, y el cabello recupera progresivamente su ritmo habitual en dos o tres meses. Si la raya se ensancha, el pelo pierde grosor o la densidad sigue disminuyendo, es necesario descartar otros tipos de alopecia. Ambas situaciones pueden coincidir, por lo que la exploración dermatológica es importante.
Entre los desencadenantes frecuentes también están el estrés, las dietas restrictivas, la pérdida rápida de peso, las infecciones y los cambios hormonales. La alimentación cuenta: hacen falta suficientes proteínas, hierro y otros nutrientes para que el cabello crezca con normalidad. Según Lacasta, no se trata de llevar una vida perfecta, sino de evitar déficits y cuidar los hábitos.
Los champús pueden ayudar a mantener el cuero cabelludo y el cabello en buen estado, pero por sí solos difícilmente resolverán una caída importante. La experta señala que ingredientes como la niacinamida, las ceramidas y el pantenol ayudan a cuidar el cuero cabelludo y la fibra capilar. La cafeína también se utiliza en cosmética capilar para ayudar a estimular el crecimiento del folículo. Si hay caspa o dermatitis seborreica, conviene elegir ingredientes específicos para tratarla.
Antes de tomar suplementos, es importante saber si realmente hacen falta. Lacasta los recomienda para personas que atraviesan periodos de estrés, cambios vitales, enfermedades o caída estacional, pues pueden ayudar a estimular el ciclo capilar. Entre los nutrientes que menciona para el crecimiento del pelo están el hierro, el zinc, las vitaminas del grupo B y los aminoácidos, que contribuyen a la resistencia de la fibra capilar. En pacientes con alopecia androgenética, señala la importancia de valorar suplementos con inhibidores de la 5-alfa reductasa derivados de plantas.
Las lociones anticaída y las ampollas pueden servir como complemento en algunos casos, pero deben elegirse según la causa y las necesidades del cabello. Dejar un suplemento no debería provocar por sí solo un efecto rebote. Si la caída reaparece o continúa, puede ser necesario valorar si persiste el desencadenante inicial.
Entre los cuidados cotidianos, la experta aconseja dormir bien, hacer ejercicio, comer de forma equilibrada, evitar las dietas extremas y gestionar el estrés. También recomienda limitar los peinados muy tirantes y el calor excesivo. Lavarse el pelo no hace que se caiga más: simplemente desprende los cabellos que ya estaban en fase de caída.
Una rutina sencilla puede incluir un champú adecuado, acondicionador para reducir la rotura y un desenredado suave. También conviene limitar las planchas y los secadores a temperaturas elevadas. Las lociones o ampollas pueden añadirse si están indicadas, y los suplementos deben reservarse para cuando exista una necesidad concreta. Si la caída persiste, lo prioritario es averiguar la causa antes de acumular productos.
El exceso de planchas, las decoloraciones frecuentes y los peinados muy tirantes pueden debilitar el cabello, favorecer su rotura o, en algunos casos, causar alopecia por tracción. Si se utilizan herramientas de calor, Lacasta recomienda aplicar antes un protector térmico. También aconseja evitar desenredar con brusquedad, especialmente con el pelo mojado, y cepillarlo cuando esté casi seco.
Dormir con el cabello mojado tampoco es conveniente, según la experta: la humedad aumenta su fragilidad y puede hacer que se rompa por el roce con la almohada y la piel. Además, puede favorecer el crecimiento de hongos en el cuero cabelludo.
- No normalizar una caída intensa o prolongada ni atribuirla siempre al otoño.
- No tomar suplementos a ciegas: primero hay que saber qué necesita el organismo.
- Cuidar el cuero cabelludo y consultar si disminuye la densidad. Identificar pronto la causa permite actuar antes; no existe una solución universal, pero sí opciones para cada tipo de caída.



