El hombre que podría ponerle punto final a los 19 años de mandato de Benjamín Netanyahu se llama Gadi Eisenkot.
Hijo de inmigrantes judíos marroquíes que se desempeñó como jefe del Estado Mayor del ejército israelí entre 2015 y 2019 y quien, tras el ataque masivo de Hamás del 7 de octubre, entró al gabinete de guerra de Netanyahu. Renunció a esa responsabilidad en junio de 2024, argumentando que el gobierno no había cumplido sus objetivos en Gaza.
La guerra lo tocó directamente, pues su hijo Gal murió en combate en Gaza, igual que dos de sus sobrinos.
Promete una comisión estatal de investigación sobre las fallas del 7 de octubre y servicio militar universal, lo que lo enfrenta a la alianza de Netanyahu con los ultraortodoxos. Se opone a los intentos del gobierno de ampliar su control sobre el poder judicial. Y en cuanto al conflicto palestino, he sido muy prudente en sus declaraciones.
En su último mitin advirtió sobre su rival: “Él ha fallado en desmantelar a Hamás, pero sí ha desmantelado la verdad y ha multiplicado las mentiras. Ha reescrito la historia y rechaza la creación de una comisión sobre lo que pasó”.
La honestidad es su bandera; de hecho, ese es el nombre del partido de Eisenkot: Yashar.
Las encuestas ubican a su bloque por delante, pero sin los 61 escaños necesarios para tener mayoría absoluta. Tendría que negociar con los partidos árabes, con los que la oposición sionista tradicionalmente no ha gobernado. Su bloque reúne a políticos de izquierda y derecha que han alzado la voz contra el actual gobierno, como Naftali Bennett, Yair Golan y Avigdor Líberman. Es más, para hacerse al poder no descarta sentarse con el partido ultraortodoxo Shas.
