Los jejenes son insectos diminutos cuyas picaduras pueden ser dolorosas y causar picazón. Algunas especies también pueden transmitir enfermedades, entre ellas la fiebre por Oropouche, que puede provocar fiebre, dolor de cabeza y molestias musculares. No todos los jejenes transmiten infecciones, y conocer sus hábitos ayuda a entender mejor el riesgo.
Estos insectos pertenecen al género Culicoides y viven en distintas regiones del mundo. Su presencia suele relacionarse con ambientes húmedos, vegetación y materia orgánica en descomposición. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en algunas regiones también se conocen como mosquitos polvorilla o chaquistes.

Los culicoides miden aproximadamente entre uno y cinco milímetros. Suelen ser oscuros, de patas cortas, y algunas especies tienen manchas en las alas. Su aparato bucal corta superficialmente la piel para extraer sangre, por lo que la picadura puede doler y dejar picazón durante varias horas o incluso días.
Solo las hembras necesitan alimentarse de sangre, cuyas proteínas utilizan para desarrollar los huevos. Tanto machos como hembras también pueden consumir néctar. Pueden picar a distintos vertebrados, como personas, perros, conejos, aves, reptiles y anfibios, aunque la capacidad de transmitir enfermedades depende de la especie.
Una especie de especial importancia para la salud pública es Culicoides paraensis, identificada como el principal vector del virus Oropouche en la Región de las Américas. La infección puede causar fiebre, dolor de cabeza, molestias musculares y malestar general; síntomas que pueden parecerse a los de otras enfermedades transmitidas por insectos, como el dengue.
La OPS informó que, desde finales de 2023, se han registrado brotes de Oropouche en distintos países de América del Sur y el Caribe, incluidas zonas donde antes no se habían documentado casos. La atención contempla reposo, hidratación, medicamentos para aliviar los síntomas y vigilancia de posibles complicaciones.
Algunas especies de culicoides también intervienen en la transmisión de otros agentes infecciosos, como el virus de la lengua azul, que afecta al ganado, y ciertos parásitos del género Mansonella, relacionados con infecciones humanas.

La actividad de los jejenes suele aumentar al amanecer, al atardecer y durante la noche, cuando disminuye la intensidad de la luz y aumenta la humedad. También pueden buscar alimento durante el día si las condiciones son favorables, en especial en jornadas nubladas y húmedas.
Los adultos suelen formar enjambres cerca de la vegetación y de sus lugares de reproducción, por lo que una persona puede recibir varias picaduras si permanece en esas zonas. La mayoría de las especies pica en exteriores, aunque algunas pueden entrar en las viviendas si encuentran condiciones adecuadas.
Por lo general, vuelan poco y permanecen a unos 100 o 200 metros de sus lugares de cría, aunque las corrientes de viento pueden llevarlos mucho más lejos.
El ciclo de vida de los culicoides tiene cuatro etapas: huevo, larva, pupa y adulto. Las hembras depositan los huevos en ambientes húmedos donde hay materia orgánica que favorece el desarrollo de las larvas. Los suelos fangosos, las hojas en descomposición y los lugares donde se acumula humedad pueden servir de criadero; no siempre hacen falta grandes depósitos de agua.
Estas condiciones dificultan el control de los insectos en zonas tropicales, rurales y suburbanas, donde abundan los espacios apropiados para su reproducción.

Los culicoides se diferencian del mosquito Aedes aegypti, conocido por transmitir dengue, chikunguña, Zika y fiebre amarilla. Los jejenes suelen ser más pequeños y cortan superficialmente la piel para extraer sangre, lo que puede causar dolor y picazón. Muchos tienen más actividad al amanecer y al atardecer, mientras que el Aedes aegypti suele picar durante el día. También prefieren distintos lugares de reproducción: el mosquito deposita sus huevos en recipientes con agua, mientras que los culicoides se desarrollan en suelos húmedos y materia orgánica en descomposición.
La OPS recomienda adoptar medidas de protección personal y reducir las condiciones ambientales que favorecen la reproducción de estos insectos. Distinguir sus hábitos permite comprender mejor dónde se encuentran y por qué prevenir las picaduras puede ser importante.
