Los problemas del corazón también afectan a los perros, aunque sus síntomas pueden confundirse con el envejecimiento. Su corazón comparte con el humano una estructura y un funcionamiento muy similares, y esa cercanía permite adaptar algunas técnicas de tratamiento entre la medicina humana y la veterinaria.
«Desde el punto de vista anatómico y funcional, el corazón de un perro y el de una persona son prácticamente iguales», explica Alexis Santana, veterinario especializado en cardiología y cirugía cardiovascular. «Por eso muchas de las técnicas que se han desarrollado en medicina humana pueden adaptarse también a nuestros animales y viceversa, y comparten también conocimiento».
Perros y personas pueden sufrir enfermedades de las válvulas, alteraciones del ritmo cardiaco, cardiopatías congénitas, hipertensión, enfermedades del pericardio o tumores cardiacos, aunque no todas aparecen con la misma frecuencia. Ambos corazones tienen dos aurículas y dos ventrículos, un sistema eléctrico prácticamente idéntico y el mismo circuito básico de circulación: el lado derecho envía sangre a los pulmones y el izquierdo la impulsa al resto del organismo. Las principales diferencias están en el tamaño, la frecuencia cardiaca y algunas características de la circulación coronaria.
Una de las patologías más habituales en perros es la enfermedad degenerativa de la válvula mitral, especialmente en animales mayores y de pequeño tamaño. Algunas razas tienen una predisposición genética; entre ellas está el Cavalier King Charles Spaniel, que puede presentar problemas en esta válvula a edades tempranas. «En el último año hemos operado varios Cavalier con enfermedad degenerativa de la válvula mitral con apenas cinco años», señala Santana.
La válvula mitral no se cierra correctamente y permite que parte de la sangre vuelva hacia atrás. Con el tiempo, esto puede aumentar la presión en los pulmones y provocar insuficiencia cardiaca. La enfermedad también es frecuente en humanos, aunque sus causas pueden ser distintas. En los perros, la degeneración suele relacionarse con la edad, el tamaño y la genética; en las personas hay más causas posibles.
El cansancio o una menor tolerancia al ejercicio no siempre son «cosa de la edad». La tos, la respiración más rápida, la dificultad para respirar, la debilidad y los episodios de desmayo también pueden indicar que algo no funciona bien. Un perro que antes paseaba durante una hora y ahora se cansa a los diez minutos merece una valoración veterinaria, advierte Santana. Los controles periódicos son especialmente importantes en animales mayores o de razas con más predisposición a ciertas enfermedades cardiacas.
La semejanza entre ambos corazones ha facilitado que algunas técnicas desarrolladas inicialmente para personas se utilicen también en veterinaria. Entre ellas figuran marcapasos, stents, cateterismos, sistemas para cerrar determinadas cardiopatías congénitas y técnicas para tratar problemas de las válvulas. La cardiología veterinaria ha avanzado y permite abordar con mayor precisión enfermedades que hace unos años tenían pocas opciones de tratamiento. El futuro, explica el artículo, pasa por adaptar a cada animal medicamentos y técnicas desarrollados en medicina humana.
«Si existe un problema físico en el corazón, lo mejor es intentar reparar ese problema. Los medicamentos ayudan a controlar la enfermedad y a ralentizar su evolución, pero cuando existe una lesión estructural, poder repararla cambia completamente el pronóstico», concluye Santana.


